El vino de Rioja

En esta página recojo información sobre el producto que más fama ha dado, a nivel mundial, a nuestra querida Rioja. Me he limitado a plasmar aquellos aspectos que he creído interesantes sobre el tema tomando la información de páginas que antes he visitado, incluyendo enlaces a las mismas desde ésta.  Si algún autor de esas páginas se siente perjudicado o molesto por ello, sólo le pido que me lo haga saber para quitar de ésta la información objeto de la molestia.

HISTORIA DEL NACIMIENTO DEL "RIOJA"

 Con frecuencia se suele citar a los romanos como los primeros viticultores de La Rioja, aunque fueron los fenicios quienes establecieron los primeros viñedos en España; sin olvidar que hay quien afirma que fueron los berones y pelendones, primitivos pobladores de la tierra riojana, los que bebieron el vino que se elaboraba en la Región y lo vendían a los mercaderes.
La tradición religiosa señala a San Millán como autor de un milagro, mediante el cual el santo riojano multiplica el vino. Los árabes, cuenta la tradición, destruyeron todos los viñedos existentes.
Sobre el año 530 a. C. la vid era cultivo del valle del Ebro. Dicho cultivo aparece inmerso en los fondos documentales del medievo riojano. De ello dan fe los Cartularios de los Monasterios de San Millán de la Cogolla, Albelda, Valvanera...
Con la reconquista se roturan las tierras y proliferan los viñedos.
En los siglos X y XI existen numerosos documentos sobre donaciones de los monarcas que atestiguan la importante actividad vitivinícola de la época. La "Carta de población de Longares", fechada en 1063, ha sido considerada el primer testimonio de la viticultura riojana.
En 1198 nace en Berceo (La Rioja) el primer autor conocido de la lengua castellana, Gonzalo de Berceo, que cantó a su vino... "un vaso de bon vino...".
Durante los tres siglos siguientes uno de los fenómenos que se detectan es la gran preocupación existente en Castilla por evitar la entrada en la Región de vino procedente de Navarra. Ello constituyó una política proteccionista que favoreció la comercialización de los vinos riojanos.   Durante el reinado de los Reyes Católicos, se inicia la exportación: Flandes, Italia y Francia. En 1560, los cosecheros logroñeses decidieron la elección de un anagrama que fuera símbolo y testigo de calidad. Este anagrama correspondía a un entrelazado de las iniciales de los apellidos de los componentes, y se grababa a fuego en los pellejos que se enviaban al exterior (antecedente histórico de la D.O.C. Rioja). Se legalizó a través de un documento escrito ante el escribano de su Majestad Real.
 Felipe II (1592) hace referencia en una crónica a los vinos de Rioja.
En el siglo XVII se produce un aumento considerable de viñedos, por lo que, en el ánimo de seguir velando por la calidad y autenticidad de nuestros vinos, se adoptan distintas medidas, que llegan incluso a reglamentar la cantidad de viñedos, prohibiendo nuevas plantaciones (Calahorra 1609).   Los propietarios de las bodegas ubicadas en la calle Ruavieja solicitaron la prohibición de circular carruajes por la zona, a lo cual accedió el Ayuntamiento de Logroño mediante acuerdo fechado en 1632, para favorecer la calidad de los vinos, preservando la quietud de los calados.   En 1676 las "Ordenanzas Municipales de la Ciudad de Logroño" regulaban la producción y comercio vinícola.

El 02 de Mayo de 1790, se celebra en Fuenmayor, la primera asamblea de la Real Sociedad Económica de La Rioja Castellana, constituida en 1787 (como ampliación de la Junta General de Cosecheros de Vino de Logroño) con el objetivo de la mejora de los caminos que facilitarían la exportación de los vinos riojanos, dejando constancia de su preocupación por conseguir una calidad óptima.
La aparición del "oidium" de la vid, enfermedad de origen americano que tuvo su aparición en Europa a mediados del siglo XIX (1886-1887), prepara la fase de renovación de los vinos riojanos.
En la segunda mitad del siglo XIX, se produce en Europa una nueva enfermedad de la vid: la filoxera. Arrasa los viñedos franceses en 1867 y en La Rioja no se detecta hasta 1889, lo que provocó que los viticultores franceses viniesen a La Rioja en búsqueda de vino.
En 1880, una gran parte de los municipios riojalteños habían conectado con empresas vinícolas de Francia. Estas adquirían vino que a través del ferrocarril abastecían las escasas producciones francesas, aportando a su vez, a los viticultores riojanos el "modo bordelés" para la elaboración y envejecimiento, con lo que nuestros caldos ganaban en aroma y sabor.
 En 1892 se funda la Estación de Viticultura y Enología de Haro, que desarrolla estudios de mejora, control de calidad y control analítico de exportaciones.
 Es a partir de 1920 cuando se protegería, a través de un largo proceso, el nombre de "Rioja" en España. En 1925 se estableció para la Región la primera Denominación de Origen de España, aún cuando cinco años antes La Rioja se reconociera legalmente como región de origen.
En 1926 se crea el Consejo Regulador de la Denominación de Origen "Rioja", el cual, con el paso del tiempo se ha convertido en el órgano regulador y de control del vino de Rioja y máximo garante de su calidad.

Fuente y más información Conoce La Rioja

Consejo Regulador de la Denominación de Origen Rioja

La cultura vitivinícola mediterránea estuvo, en la Edad Media, estrechamente unida a la vida monacal, ya que sus principales difusores fueron los monjes. La zona de Rioja no es una excepción y se enorgullece de que Gonzalo de Berceo, el primer poeta que escribió en lengua romance, mencionara el vino en los versos que compuso desde su retiro en el Monasterio de Suso, en San Millán de la Cogolla.
La preocupación permanente de esta tierra por el vino es histórica. En 1635, el alcalde de Logroño prohibía el paso de carruajes por las calles contiguas a las bodegas "por temor de que la vibración de estos vehículos pudiese alterar los mostos y así influir en la maduración de nuestros preciosos caldos".
La primera referencia documental relacionada con la protección de la calidad y garantía de los vinos de Rioja data de 1650; aunque ya en 1102, el Rey Sancho de Navarra reconocía jurídicamente nuestros prestigiosos vinos.
En 1787 se creó la Real Sociedad Económica de Cosecheros de Rioja, cuyo objetivo era el fomento del cultivo de la vid, la elaboración del vino y el desarrollo de su comercio.
Ya en el siglo XX, en 1902, se promulgó una Real Orden que definía el "origen" para su aplicación a los vinos de Rioja. En 1926 se decretó la creación del Consejo Regulador cuya misión era delimitar la zona del Rioja, controlar la expedición de la "precinta de garantía" y recomendar las medidas legales que se tomarían contra los usurpadores y falsificadores del nombre "Rioja". Sin embargo, hasta 1945, este organismo no sería legalmente estructurado.
Finalmente, el Consejo Regulador quedó constituido en 1953, y comenzó así a sentar las bases de una actuación moderna y eficaz.
En la evolución hasta la actualidad del vino de Rioja destaca la aprobación, en 1970, del Reglamento de la Denominación de Origen y de su Consejo Regulador. Fue en esa fecha cuando este organismo adquirió una estructuración y funciones perfectamente definidas: "La defensa de la Denominación de Origen, la aplicación, el control y fomento de la calidad de los vinos amparados quedaron encomendados, en primer término, al Consejo Regulador".
Tras varias modificaciones del Reglamento por el que se rige el Consejo Regulador, que lo han ido adaptando a las necesidades planteadas en los últimos años, los sistemas de control de calidad se han perfeccionado y a la vez se ha potenciado la promoción. Después de un largo proceso en el que la Denominación de Origen "Rioja" apostó siempre por la calidad y el control en origen, este esfuerzo alcanzó su reconocimiento.
El 3 de abril de 1991 una Orden Ministerial otorgó el carácter de Calificada a la Denominación de Origen "Rioja", primera y única en España que posee este rango.

Elaboración del vino bajo denominación de Origen Rioja

Vinos blancos: La uva entera pasa a la escurridora. Una vez eliminados los hollejos y raspones, el mosto obtenido pasa a los depósitos de fermentación.

Vinos rosados: La uva, despalillada y ligeramente estrujada, se pasa a los depósitos escurridores. Allí se controla la maceración del líquido con los hollejos. Una vez obtenido el mosto, se decantan las materias en suspensión durante un día. A continuación, el mosto, casi brillante, se pasa a los envases de fermentación.

Vinos tintos: Existen dos sistemas diferentes. El más extendido actualmente consiste en retirar los raspones en la despalilladora, antes de la fermentación, y se ha obtenido con él vinos apropiados para un largo período de envejecimiento. Por el contrario, si la uva entera pasa a los depósitos de fermentación, el sistema seguido, tradicional en Rioja, es el conocido como "maceración carbónica". En este caso, los vinos obtenidos serán suaves, con bastante cuerpo, color intenso y adecuados para el consumo en su primer año.

En ambos casos, durante la fermentación se remonta el mosto, de la parte inferior a la superior, a la vez que la temperatura permanece constante. Todo ello con el objetivo de que el proceso se realice de forma homogénea y no se pierda ninguno de los aromas que contiene el mosto.
Al finalizar la fermentación se lleva a cabo el descube: una vez separadas las materias sólidas, el vino pasa a los depósitos de almacenamiento, donde es sometido a un control de calidad.
El Consejo Regulador, mediante exámenes organolépticos y analíticos, determina si el vino merece la Denominación de Origen Calificada "Rioja". Las pruebas organolépticas se realizan en las instalaciones del Consejo Regulador y en la Estación de Viticultura y Enología de Haro (La Rioja); mientras que las analíticas se llevan a cabo en la Casa del Vino en Laguardia (Álava), y en las Estaciones Enológicas de Olite (Navarra) y Haro.
La crianza de los vinos de Rioja se realiza en barricas de roble de 225 litros, con trasiegas periódicas, complementándose después en botella. Existen en Rioja más de 250 bodegas de crianza, que suman un total de más de 900.000 barricas. El período mínimo de envejecimiento en barrica oscila de 1 a 3 años para las categorías de crianza, reserva y gran reserva, y el de envejecimiento en botella entre 6 meses y 6 años.

Clases de vinos de Rioja
La mayoría de los vinos de Rioja proceden normalmente de la conjunción armónica, en diversas proporciones, tanto de las variedades de uva cultivadas en la Denominación, como de las distintas subzonas que la integran. Son vinos que poseen una buena composición aromática, frescos, de robustez media, con composición equilibrada y excelente bouquet.

Vinos tintos:
Vinos clásicos, de color vivo, frescos, aroma penetrante, ligeros al paladar y de grado medio. En ellos predomina la variedad Tempranillo.

Vinos rosados:
Muy ligeros, frescos al paladar y con fuerte fragancia, color rosa vivo, grado alcohólico medio. En ellos predomina la variedad Garnacha.

Vinos blancos:
Color amarillo verdoso, más o menos pálido, aroma fino, ligeros y de grado no muy elevado. En ellos predomina la variedad Viura.

Según el proceso de envejecimiento seguido, en el vino de Rioja se establecen las siguientes categorías:

Joven:
Vinos en su primer o segundo año, que conservan sus características primarias de frescor y afrutado.

Vinos de Crianza:
Vinos como mínimo en su tercer año que han pasado un año como mínimo en barrica y algunos meses en
botella. En vinos blancos el período mínimo de envejecimiento en barrica es de 6 meses.

Vinos de Reserva:
Vinos seleccionados de las mejores añadas que por sus buenas características han envejecido durante 3 años, de los cuales uno como mínimo en barrica. En vinos blancos el período de envejecimiento es de 2 años, de los cuales como mínimo 6 meses en barrica.

Vinos de Gran Reserva:
Vinos seleccionados de añadas excepcionales, que han permanecido como mínimo 2 años en barrica y 3 en botella. En vinos blancos el período de envejecimiento es de 4 años, de los cuales 6 meses como mínimo en barrica.

Las barricas de envejecimiento

Ningún otro material secundario ha llegado a ser tan importante en la vida de los vinos como el roble. El Roble no es una materia inerte, pero sus relaciones de reciprocidad con los vinos son por sí o por tradición saludables para el consumidor. Hasta tal punto esto es así que numerosas reglamentaciones de vinos de calidad centran la imagen de sus productos en períodos de estancia de los vinos en barricas de roble.
La barrica de Rioja es el modelo bordelés de 225 litros,pesando en vacío 55 Kg.

Las dimensiones son:

Longitud................................95 cm.

Espesor de duela...................29 mm.

Diámetro panza.....................70 cm.

Diámetro en cabeza...............57 cm.

Número de duelas..................27-28

Número de tablas en fondo......5-7

Normalmente: 1 mediana,2 contramedianas y 2 chanteles

Número de ejes galvanizados....8

Enfermedades de los vinos de Rioja

Para considerar las alteraciones o enfermedades del vino, hemos de estimar que, por naturaleza, es un producto enemigo del aire y que en sentido opuesto puede llegar a extremos anti-aire o, dicho técnicamente, puede llegar a ser tan reductor que puede también por ello llegar a ser alterado.
Existen unas alteraciones químicas más o menos amplias y otras microbiológicas. Pero la típica alteración de todo tipo de vino por el hierro no tiene apenas incidencia en el Rioja, ni la tiene la clásica alteración microbiana que lleva al avinagrado. Las alteraciones del vino de Rioja son más sutiles y a veces imprecisas, pero nunca groseras, lo cual concuerda con su catalogación como vino fino. Ello es debido al vino de uva Tempranillo, que muestra un color y un brillo muy estables.
Si la uva hubiera estado deteriorada por lluvias de vendimia, se desarrollarían algunos mohos que después de la fermentación podrían hacer que el color del vino fuera inestable, tendiendo a marrón. Se denomina "quiebra oxidásica".
Al embotellar vinos jóvenes, de menos de dos inviernos, puede ocasionarse en la botella un leve precipitado de granos similares al azúcar, a veces soldados. Se trata de los bitartratos. No tienen significado negativo sobre la calidad del vino en ningún sentido, excepto en el aspecto en botella, y denotan poca edad del vino.
Una vez embotellado el vino, hemos de someterlo al encorchado. Y es el leve contacto con el aire el que cambia transitoriamente su calidad gustativa y olfativa: el vino se vuelve insípido. Al cabo de tres meses el vino ha asimilado ese leve contacto con el aire, y muestra ya todo su esplendor a la cata.
Y transcurridos años en la botella el vino puede, por leve oxidación a través del tapón de corcho, amortiguar su resistencia ante el aire y perder cualidades olfativas y gustativas. Se dice que el vino ha llegado a su límite de envejecimiento o que está ya "pasado".
Estas alteraciones no son causadas por microbios.
Los microorganismos que habitan en los ambientes vinícolas son los mohos, las bacterias y las levaduras. Las levaduras realizan la fermentación y después desaparecen del vino, cuando ya no hay azúcar, pero en blancos y rosados pueden pervivir cierto tiempo y si el vino no se clarifica bien antes de ser embotellado pueden dar sedimento en la botella al cabo de cierto tiempo. Se trata de una levadura que no altera el vino pero sí su brillo, y cuando la alteración del brillo es fuerte se desvirtúa su aroma y sabor...
Las bacterias son las alteraciones más frecuentes de origen microbiano.
En fermentaciones que pasan de 35°C las levaduras mueren y crecen unas bacterias que del azúcar de la uva forman sabores agridulces o amargos. Se llama enfermedad de la "manita".
En rosados y blancos jóvenes, cuando proceden de uvas de grano grueso como la proscrita variedad Calagraño, por falta de sustancias de los hollejos crecen unas bacterias del "ahilado" que hacen el vino gomoso y siruposo. Es una alteración alarmante por su aspecto, pero muy fácil de corregir.
Los vinos tintos, después de largo tiempo embotellados, pueden sufrir una enfermedad bacteriana llamada "vuelta", frecuente en numerosos vinos, que los franceses conocen por "tourne" y los italianos por "girato".
A veces vemos en la bodega, sobre las bocas de los envases, una lámina blanquecina que los artesanos llaman "natas" o "velos". Son levaduras que viven en vinos jóvenes cuando no están cerrados herméticamente. El aspecto no es agradable pero su significado, si no se dejan perdurar, es poco para la calidad.
Todos los microbios que causan alteraciones en los vinos son inocuos para el hombre. Experimentalmente, para diagnosticar mejor, a veces el enólogo cata los vinos enfermos despreocupándose, pues sabe que los microbios que se pueden ingerir de un vino enfermo no tienen trascendencia.

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Consejos para degustar el vino de Rioja

No agites jamás bruscamente una botella de Rioja.
No mezcles nunca en la copa vino de dos botellas distintas de Rioja.
Las botellas de Rioja no necesitan ser abiertas con anticipación a su consumo.
Nunca decantes una botella de Rioja y si lo haces realízalo inmediatamente antes de beberla.
Sirve el Rioja en copas apropiadas, siempre incoloras para apreciar su aroma y color, y nunca las llenes más de la mitad.
Sirve el Rioja tinto entre 16- 18 ºC, y los blanco y rosados entre 10 - 12 ºC, y nunca los calientes o enfríes bruscamente.
Sirve el Rioja blanco antes que el tinto, el joven antes que le viejo y el de menor antes que el de mayor grado alcohólico.
Prueba el vino de Rioja en tu copa, para apreciar sus características antes de servirlo o permitir que se sirva.
En la mesa trata los vinos de Rioja con el cuidado y respeto que demandan sus cualidades y exige que también lo hagan los demás.
No sigas normas rígidas en la elección del Rioja apropiado para cada plato, elígelo con libertad pero con juicio.
Bebe poco y Rioja, mejor que mucho y anónimo.

La Cata


El vino es para beberlo. Por lo tanto, la valoración más importante es la derivada de la aplicación de los sentidos. Esta aplicación realizada como método se conoce con los nombres de degustación, cata, análisis organoléptico o análisis sensorial.
Las técnicas más frecuentemente utilizadas son:

  • Degustación de una muestra. Como no se puede hacer degustación comparativa, el catador utiliza el modelo mental que tiene con relación a ese tipo de vino. 

  • Degustación por pares. En este caso, la degustación se realiza sobre dos vinos sucesivamente para definir qué vino es mejor o si son similares. 

  • Degustación por grupos. Con el fin de eliminar juicios de valor personal, se recurre a la degustación en equipo, de modo que la valoración se establece por la concordancia de varios degustadores. 

El Ambiente

Antes de catar un vino, tiene gran importancia establecer las condiciones ambientales apropiadas. Estas están orientadas a obtener una mejor apreciación de las cualidades organolépticas del vino a catar. Entre ellas toman vital importancia la temperatura ambiente y del vino, la iluminación y la humedad. En lo que atañe a la temperatura ambiente, se estipula que debe estar cercana a los 20 ºC; la temperatura del vino oscila entre los 9-10ºC para blancos y los 15-18 ºC para los tintos. La iluminación también tendrá variaciones según el tipo de vino que se cate, pero se establece con valores que van de los 700 a los 4000 lux. Son adecuados la vela, las lámparas de filamento y las halógenas.

La Vista

Las sensaciones visuales (intensidad y tonalidad) están referidas fundamentalmente a la limpieza o transparencia y al color.
El Color informa sobre el cuerpo, la edad, y el estado del vino. Si el color es fuerte, profundo, y poco translúcido, es muy posible que el vino sea fuerte, recio, y rico en sensaciones tánicas. Si por el contrario es débil, el vino será seguramente ligero de cuerpo y más corto en boca.

El Olfato

La sensibilidad del olfato es muy superior a la del gusto. Los sabores fundamentales son solamente cuatro, mientras que los olores son la resultante de muchas sensaciones elementales. Se han realizado varias clasificaciones de los olores, pero en general: 

  • Serie animal: Carne y caza.
  • Serie balsámica: Resina fina.
  • Serie de madera: Olores que provienen de la evolución de los taninos.
  • Serie química: Acético, sulfhídrico. 
  • Serie especiada: Clavo laurel, pimienta. 
  • Serie empireumática: Quemado, ahumado. 
  • Serie de ésteres: Acético, de etilo, alcoholes sulfurados. 
  • Serie floral: Violeta, rosa, geranio. 
  • Serie afrutada: Cereza, fresa, melocotón.
  • Serie vegetal: Heno, paja húmeda, hierba. 

El gusto

Los sabores fundamentales son cuatro: el dulce, al salado, el ácido y el amargo. Estos se pueden presentar individualmente o dentro de todas las combinaciones posibles variando sus concentraciones.
Durante una cata los sabores van evolucionando de la siguiente manera: En el ataque (2-3 segundos) predominan los dulces, que van disminuyendo durante la evolución (5-12 segundos) mientras que aumentan progresivamente los ácidos y los amargos, para llegar a la impresión final (más de 5 segundos) en la que corresponde el predominio de los ácidos y sobre todo de los amargos. 

El Tacto

Este sentido entra en funcionamiento gracias a los corpúsculos táctiles que se ubican en la lengua. Mediante ellos se reconocen sensaciones de untuosidad, viscosidad, consistencia y fluidez.

CULTURA DEL VINO: LAS COPAS

El sabor del vino es diferente y mejor cuando se bebe en la copa apropiada. Esta afirmación, por curiosa y exagerada que pueda parecer, ha sido demostrada en la práctica en catas comparativas. Los elementos que hay que tener en cuenta en la elección de las copas son, por orden de importancia, su forma, su tamaño y el material del que están hechas.

La forma.

En primer lugar, una copa de vino debe ser convexa, en forma de tulipa cerrada. El borde tiene que curvarse hacia el interior para captar los aromas del vino y canalizarlos hacia la nariz.
Una copa cuyo cáliz sea poco profundo dejará una superficie demasiado grande de vino en contacto con el aire y no podrá retener los aromas. En este caso, la mitad del placer de la degustación se habrá perdido. También es imprescindible que el pie sea lo bastante largo como para que los dedos puedan sostenerla sin tocar el cáliz. Una copa de vino blanco fresco se calienta muy rápidamente en contacto con la mano.

El tamaño.

Deben ser lo bastante grandes para poder servir el vino en cantidad suficiente sin llenarlas más de un cuarto o un tercio de su capacidad. Si la copa es muy pequeña o está demasiado llena, no se podrá hacer girar el vino par liberar los aromas, no levantarla con comodidad para observarlo al trasluz.
El servicio del cava se realizará en copas tipo flauta llenándolas hasta las tres cuartas partes para observar el ascenso de las burbujas, y apreciar la calidad y el color del vino.

Los materiales.

Tienen que ser transparentes, lisos y sin facetas. Las pesadas copas de vidrio tallado o fileteadas de oro son ciertamente bonitas, pero no favorecen la apreciación del vino ni del placer de la degustación. Las copas de color impiden admirar la capa del vino. El material ideal es el cristal fino. El cristal proporciona una claridad óptima y su finura permite ver sin ningún tipo de deformación lo que contiene la copa.
Estas explicaciones parecen simples, pero ¿cómo explicar científicamente por qué es más agradable degustar un vino en un recipiente de cristal que en una copa ordinaria? Las catas comparativas han convencido a los expertos de que las copas de cristal fino contribuyen al placer gustativo. No obstante, el material tiene menos importancia que la forma o el tamaño, y son numerosos los aficionados que renuncian a las costosas copas de fino cristal, ya que el temor de romperlas impide disfrutar plenamente del momento.
Existen asimismo copas especialmente concebidas para la cata de vino, como la gama conocida como impitoyables, que resaltan los defectos del vino.

Partes de la copa:

La boca: Es deseable que se cierre con el fin de favorecer la acumulación de los aromas. La forma del borde permite dirigir el vino hacia distintos puntos de la lengua, realzando así ciertas sensaciones (ácido, amargo, dulce, etc.).

El balón: Es la parte, normalmente abombada, que ofrece al vino una amplia superficie para que al agitarlo extraiga sus aromas. Esta parte suele ser mayor en copas pensadas para vinos viejos para asegurar una mayor aireación.

El tallo: Debe estar compensado con el tamaño del balón y no debe de ser muy grueso para facilitar el sujetar y hacer girar la copa con facilidad.

El pie: Es el elemento que sirve para apoyar la copa y para sujetarla. Lo importante es que guarde relación con el resto de la copa con el fin de que asegure su estabilidad, por ello, nuestra Copa de Rioja dispone de un mayor peso de lo habitual.

LA COPA DE RIOJA

Su Origen

La Copa de Rioja es el resultado de un Concurso Internacional de Diseño organizado por el Gobierno de La Rioja en 1998. En el jurado, compuesto por 18 miembros, hubo representantes del sector bodeguero riojano, de los enólogos, del Consejo Regulador, del sector del vidrio, de La Real Fábrica de Cristales de la Granja y expertos en Arte y Diseño. Es, por tanto, una Copa de consenso y la copa oficial.

El Creador

El ganador del concurso fue Horacio Romero, con una copa innovadora y contundente. Muy pronto, el principal fabricante español de copas mostró su interés en producirla. El pasado mes de junio de 1998 fue presentada mundialmente en Burdeos, coincidiendo con Vinexpo, con gran éxito de crítica y público.

 

Información obtenida de: ClubRioja.com

 

Refranero del Vino

Aguardiente y vino, borracho fino
A la cabecera tiene la bota; cada vez que se mueve, moja la boca
Al amigo de tu vino, no le quieras por vecino
Al catarro dale con el jarro
Almorzar sin beber, merendar sin comer
A buen comer o mal comer, tres veces beber
Carne blanda y vino puro alimento seguro
¿Cenaste con vino? Almorzarás con agua
Comer sin vino o es miseria o es desatino
Con agua muele el molino, el molinero con vino
Con pan y vino se anda camino
De borracho a loco va muy poco
De santo que come y bebe, no fiéis, mujeres
De tal cepa tal vino
El español fino con todo bebe vino
El buen vino resucita al peregrino
El pan, con ojos, el queso ciego, y el vino, y el vino que salte a los ojos
El vino del vecino, ése si que es buen vino
El vino y la mujer, el juicio hacen perder
El vino y la enemistad descubren la verdad
Higos y vino buenos amigos
Huerto y molino dan para carne, pan y vino
La mujer y la viña, al hombre dan alegría
Moza con leche y bota con agua no me agradan
Mostacho gacho señal de borracho
Ni comer sin beber ni firmar sin leer
Quien del vino habla sed tiene
Romería de cerca, mucho vino y poca cera
Tabaco, mujer y vino, para mí y no para el vecino
Una buena borrachera diez días a la espera
Uva moscatel, no llega al tonel
Uvas y nueces saben a peces
Vino de pregonero, no lo quiero
Vino que salte, queso que llore y pan que cante
Vino y amigo el más antiguo
Yo te perdono el mal que me haces por lo bien que me sabes
Acatarro gallego, tajada de vino
Sobre brevas vino bebas
Vinagre y miel saben mal y hacen bien

Fuente Consejo Regulador de la Denominación de Origen Calificada (y otros) http://www.riojawine.com

Más información sobre el vino de Rioja PORTAL DEL VINO

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