El zapato y la alpargata precedieron a la bota de agua y a la de montar, al borceguí, al pantuflo y al zueco, al chanelo y al escarpín, a la babucha, a la sandalia y a la abarca, a la cáliga y al coturno. La alpargata, en fin, es una variedad de calzado con personalidad y uso propio. Con sus antepasados y sus coetáneos constituyen a la historia del calzado del mundo.
Con la industrialización surgió la fabricación en serie, que también afectó a la alpargata. Pero todavía no se han perdido los sistemas y las costumbres artesanas que hacen que lo manufacturado tenga su propia alma y sentimiento. La alpargata de esparto se relaciona con La Rioja y más concretamente con Cervera del Río Alhama El artesano alpargatero utilizó siempre las manos y un banco de madera para trabajar, unas tijeras, lezna y aguja para coser las suelas urdidas de yute seleccionado; cosía, finalmente, la tela que luego envolvería los pies por encima del empeine. La artesanía de la alpargata ha calado muy hondo en la sociedad actual hasta el punto de haber desplazado estacionalmente a otros tipos de calzado (sobre todo en verano) y tanto se utiliza en ambientes sociales de élite como en los más populares.

La alpargata de esparto es elemental, mínima y simple en su concepción y es también elemento ideal para desarrollar sobre ella el espíritu creativo de todo aquel alpargatero que además de oficio tenga alma de artista. La forma de la alpargata se presta a la fantasía y el color de la tela o la lona que se emplea, también, aunque lo verdaderamente importante es el cosido. Como se ha dicho, las célebres alpargatas de esparto o de Cervera se hacen a partir del cáñamo como materia prima. El cáñamo es una planta que alcanza unos dos metros de altura, cuando se cosechan y están secas las plantas se sacuden golpeando las capotas sobre una tabla para eliminar el cascarillo y la semilla. Luego se agrupan en trenza, se atan con dos vencejos y se culean, es decir, se golpean por los extremos para igualar las bases. Un artesano de Cervera, instruido especialmente en este tema nos lo explica:
La primera operación a que ha de someterse el cáñamo es el agramado, que consiste en separar la fibra triturando el tallo; luego viene el espadado, proceso en el cual el espadador utiliza un caballete formado por una tabla ancha vertical, insertada mediante una espiga a otra horizontal, que se sujeta al suelo con piedras para mayor refuerzo. Una estaca una ambas tablas. Seguidamente el espadador coloca el cerro de cáñamo sobre el caballuelo y lo va golpeando con el borde de la espadilla, una especie de tabla de madera provista de un mango, con el fin de limpiar el cáñamo, eliminando así los restos de cañimizas, trozos de fibras sueltos y otras impurezas, a la vez que va quedando suelto el pelo.
La espadilla solía ser de madera de carrasca, mucho más duradera, y sin nudos. Medía alrededor de 65 cms de largo por unos 25 de ancho. Antes de espadar se repasaban los bordes con un vidrio para evitar que con los golpes se partiese la fibra y que así resbalase mejor la espadilla a lo largo del cerro. Tanto el agramado como el espadado podían hacerse en lugares cerrados o al aire libre, en eras o cercados. Limpiar, separar e igualar la fibra se llama rastrillado, operación que se realiza en un rastrillo. Consta éste de una superficie plana de madera que en uno e sus extremos lleva insertas unas filas de púas de acero, puestas al tresbolillo; para hacer esta labor se coloca el rastrillo paralelo al suelo a una altura adecuada, quedando las púas en la parte más cercana al artesano y se hace pasar varias veces el cáñamo entre las púas, iniciando el proceso por detrás del cerro, rastrillando luego la punta. La fibra que le queda en la mano al final es el pelo o fibra de mejor calidad, en cambio, la que ha quedado entre las púas es sometida de nuevo al rastrillo y así se separa el clarillo o cáñamo de segunda calidad de la estopa, que es el de deshecho, con ésta hace una copada que utilizará la trenzadera. También se utilizaba la estopa para tejer telas de baja calidad. Tras el rastrillador viene el hilador. El hilador se coloca la moña de pelo de cáñamo al vientre y de ella saca una punta que sujeta al ganchuelo. Luego otra persona le da a la rueda, mientras el hilador va caminando hacia atrás, saca el cáñamo de la moña con la mano izquierda y con la derecha tensa el hilo y lo moja con un trapo que lleva en la palma. A lo largo de su recorrido hay 2 ó 3 estacas donde va apoyando el hilo, hasta llegar a la última en la cual lo ata para terminar. Los hilos pueden ser sencillos o dobles, según las necesidades y con varios de ellos torcer cordeles o colchar sogas.

 


El hilo obtenido se trenza. La persona encargada de hacer trenza prepara unos ovillos y hace el trenzado. El empiece lo hace sobre una cuerda que ata en la pared o en una puerta, divide el ovillo en mayas y las va trenzando uniéndolas según lo necesita. La trenza se va amontonando en el suelo hasta tener media o una tarea hecha, la tarea la constituyen cincuenta vueltas y cada vuelta es la distancia desde, el brazo -en posición semidoblada- al pie, pues de este modo va recogiendo la trenza. Dado que la trenza de cáñamo no resulta uniforme, se prensa luego en una máquina de rodillos para conseguir uniformidad. Comienza la verdadera labor aquí. Es esta fase de confección de las alpargatas la que tanto ha personalizado a Cervera. Tanto para urdir como para coser las suelas se utiliza el banco alpargatero. En el sentil se sienta el alpargatero y guarda las herramientas en la casilla. Las tablas delanteras que forman la casilla son las palomillas. La parte frontal del banco, sobre la casilla, es una superficie plana, inclinada hacia abajo y en ella hay que señalar la estaquilla, un saliente de madera con una hendidura que forma dos orejas, situado en la parte derecha y sirve para apoyar la suela de coser. El aceitero es un rebajo utilizado para untar la aguja cuando no corre bien en la suela. El urdidor se muestra hábil incluso en la preparación para trabajar con celeridad. En el borde del banco hay unas señales, generalmente pequeños clavos, para las distintas medidas que ha de dar a las suelas.
El urdidor empieza por la parte externa de la suela y termina en la hijuela de la planta después de haber hecho también la del talón. El alpargatero utiliza para coser la suela una cosedera y la aguja del alpargatero. El cosido lo inicia por el talón, unas puntadas entre éste y su hijuela, luego se va cosiendo transversalmente toda la suela.
La última labor para terminar las alpargatas es la que realizan las mujeres y la que todavía hoy se sigue haciendo a mano, se llama remonte. Las alpargateras utilizan para el cosido una aguja de capellar, de mayor tamaño y grosor que las normales, hilos de algodón para hacer el remonte, la zapatilla, que es una pieza metálica circular, rebajada, que se coloca en la mano derecha y se sujeta al dorso con hilo. Hay quien lleva un dedil o funda de tela en el dedo índice derecho para evitar que la veta o hilo corte el dedo cuando se enreda o se hace nudos. Su labor consiste en coser el tomo, pieza de lona de forma trapezoidal a la parte delantera de la suela y el talón a la parte trasera. El cosido puede hacerse por fuera, alrededor de la suela, que es el remonte y por dentro con puntadas finas. A esto se le llama capellar.


 

Artículo  de http://conocelarioja.iespana.es/conocelarioja/alpargatas.htm