Los núcleos más importantes de esta época son Micenas, Pilos, Tebas y
Tirinto.



La literatura épica canta las hazañas (épos significaría "relato,
canto") de los héroes, y también de dioses, gigantes o personajes de cuentos
tradicionales. El esplendor del género, como conjunto de narraciones
heroicas, se corresponde en la tradición occidental con civilizaciones
aristocráticas en las que han de resaltarse los valores guerreros,
individualistas y de casta nobiliaria.
A diferencia de otras tradiciones literarias, como la española o la francesa, resulta imposible rastrear los orígenes de la épica griega. Las primeras manifestaciones de este género que han llegado hasta nosotros (si bien es muy probable que existieran otras anteriores) son dos poemas de extraordinario valor y calidad literarias, la llíada y la Odisea, atribuidos a Homero (siglo VIII a. C).
Se puede afirmar que la literatura occidental nace al mismo tiempo que la epopeya griega antigua, que tiene en la Ilíada y la Odisea las manifestaciones más antiguas de la literatura de transmisión oral. Con anterioridad a esta fecha no se conserva ningún resto escrito que pueda calificarse estrictamente de literario.
La difusión de la poesía épica se realizó mediante el recitado o el
canto de los aedos, que constituyeron el principal vehículo de transmisión
de la larga tradición épica oral en Grecia. La epopeya griega refleja un
mundo poblado por héroes, dioses y, en último término, hombres embarcados en
la aventura de vivir y de morir. 
La llíada cuenta en sus cerca de 16 000 versos el episodio final de la guerra de Troya, un breve intervalo en comparación con los diez años que los aqueos llevaban acampados frente a las murallas de la ciudad. El hilo conductor del poema es la cólera del héroe griego Aquiles (cólera es precisamente la palabra con la que comienza el poema), ofendido por el rey Agamenón, jefe del ejército griego aliado contra Troya, que arrebata a Aquiles la joven prisionera a la que éste ama.
La Odisea, que consta de más de 12 000 versos, narra el retorno de Odiseo (Ulises en castellano) desde Troya a su patria. El regreso del héroe al hogar tras pasar un sinfín de peripecias y arrostrar innumerables peligros será un tema recurrente en las literaturas occidentales posteriores.
Otra gran figura de la épica arcaica es Hesíodo autor de Trabajos y días, obra de contenido claramente didáctico sobre la agricultura y de Teogonía, poema cosmogónico que relata la genealogía del mundo y de los dioses que integran el panteón heleno.
En época helenística, la poesía épica, que cuenta con Apolodoro entre sus cultivadores más destacados, se caracteriza por el gran dominio de las formas métricas y de composición aunque sin alcanzar la hondura moral de la épica antigua.
La influencia de la epopeya griega en la literatura posterior occidental
es inmensa, tanto por la particular visión del mundo recogida en los relatos
míticos contenidos en los poemas épicos como por el modelo de comportamiento
social, sentimental o ético que ofrece.
Los poemas más antiguos de la literatura occidental (y según algunos
críticos, los más grandes) son la Ilíada y la Odisea, de Homero. Se trata de
poemas épicos, es decir, largos poemas narrativos, compuestos cada uno de
ellos por 24 libros o cantos, de extensión variable, entre 450 y 900 versos.
Las dos epopeyas hacen referencia a relatos de la edad heroica y tienen como
trasfondo la Guerra de Troya.
Los griegos atribuían estos dos grandes poemas a Homero. Los estudiosos han demostrado que ambas epopeyas constituyen, en realidad, la culminación de una larga tradición de poesía oral, surgida probablemente en la Edad del Bronce. A lo largo de los siglos hasta su fijación por escrito en el siglo VIII a. C., se habrían incorporado los relatos e interpolaciones que componen los textos que hoy conocemos.
El análisis interno de la Ilíada indica que fue compuesta entre el 750 y el 700 a. C. en Jonia. Muchos de los especialistas coinciden en señalar que la Odisea no fue compuesta por el mismo autor, ya que hay diferencias considerables de estilo y de tono entre los dos poemas. Ambos muestran características de la épica oral. Fueron compuestos para ser recitados o cantados en voz alta con acompañamiento de la lira. Los hechos narrados, los temas recurrentes y gran parte de los versos corresponden a las características de la poesía épica de transmisión oral, pero la estructura de los poemas, la clara y consistente caracterización de los personajes principales y la atmósfera de cada poema, trágica en la Ilíada, fantástica en la Odisea, son, sin duda, el fruto del genio poético de Homero.
Es bastante plausible que, como en muchas obras épicas, la composición de estos poemas fuera el resultado de engarzar diversos cantos de creación y difusión oral que los aedos cantaban como episodios autónomos ante su público. Pero tradicionalmente se atribuye a Homero el genio y la originalidad de la composición y unidad de ambas obras.
Apenas existen testimonios fiables del poeta: con toda probabilidad, él
mismo era un aedo que vivió y trabajó en Jonia, según se deduce del
predominio del dialecto jonio en sus poemas y del conocimiento bastante
preciso de la región cercana a Troya. El estudio de la lengua y las
referencias de los poemas permiten datar solo de forma aproximada la
composición de las
obras:
la Ilíada, hacia la mitad del siglo VIII, y la Odisea, cerca del fin del
mismo siglo. De hecho, las notables diferencias que presentan los dos poemas
en la construcción técnica, el estilo, la lengua e, incluso, la concepción
del mundo han llevado a algunos estudiosos a afirmar que, en realidad, se
trata de obras de autores diferentes, aunque el responsable de la última
debió conocer la llíada; otros, sin embargo, argumentan que tales
diferencias se pueden explicar perfectamente como el fruto de la evolución
artística desde la juventud a la madurez de un único poeta, Homero. Pero
ninguna de las dos posiciones resulta concluyente.
Homero, con la Ilíada y la Odisea, supone para nosotros el comienzo de la literatura griega. Aunque algunos autores han llegado a negar incluso su existencia, hoy no cabe duda de que este poeta, de origen jonio (de la ciudad de Esmirna o quizá de la isla de Quíos), desarrolló su labor sobre el siglo VIII a.C., en un momento en que los griegos volvieron a "descubrir" la escritura, alfabética esta vez, tras la caída de la civilización micénica por causa de los dorios.
Utilizando la escritura Homero condensó en sus poemas todo un bagaje de
leyendas, mitos y héroes que los aedos ( ἀοιδός "cantor", término derivado del verbo ἀείδω "cantar") o juglares griegos habían cantado durante siglos.
Es decir, este poeta, que también era un aedo, se sitúa en realidad al final
de una larga tradición de poesía oral que termina cuando le da forma escrita
a parte de esa misma tradición. Con él, por tanto, la épica o epopeya griega
se convierte en un género de poesía culta, pasando a ser a su vez maestro
indiscutible del género, tanto para griegos como romanos.

Por poesía épica se entiende un tipo de poesía narrativa que canta las hazañas de unos héroes pertenecientes a un pasado más o menos legendario y cuyo comportamiento glorioso acaba convirtiéndose en modelo de virtudes varoniles (valor, fidelidad, nobleza, entrega). Es poesía cantada por aedos o cantores profesionales, con acompañamiento musical, ante un público eminentemente popular. Es poesía objetiva, pues el poeta actúa como simple narrador de unos hechos ajenos a él y en los que para nada interviene, de hecho el poeta canta lo que la musa le inspira.
En casi todas las culturas la poesía épica tuvo una primera etapa oral, en la que el aedo se limita a repetir, con pequeñas variaciones, una serie de cantos de héroes y personajes míticos que él a su vez ha aprendido de otros aedos, sin que intervenga la escritura. A esta etapa sucede otra en la que el rapsoda, utilizando la escritura, crea sus propios poemas a partir de una serie de temas y motivos legados por la tradición. Ésta es la etapa de poesía culta y es a ésta a la que pertenece Homero.
Esta poesía heroica se cantaba en versos de métrica uniforme y ritmo rápido denominados hexámetros, que tenían seis pies métricos y alternaban sílabas largas (__) y breves (U):
(__ UU (o __) / __ UU (o __) / __ UU (o __) /__ UU (o __) /__UU / __U (o__)
La regularidad métrica es fundamental en la memorización de los poemas y en su transmisión oral de generación en generación. Todos los poemas épicos presentan dos elementos en común: se componen y recitan de memoria, sin ayuda de la escritura, y se cantan con acompañamiento musical. Los poemas son, propiamente, canciones. Precisamente, la oralidad de su difusión determina uno de los rasgos más característicos del estilo épico: los poemas homéricos se hallan salpicados a lo largo de sus miles de versos de construcciones verbales que se repiten una y otra vez para facilitar su memorización. Estas fórmulas épicas suelen ser nombres y epítetos de héroes, como "divino Ulises", "Héctor, el de tremolante casco", "Aquiles, el de los de pies ligeros", etcétera.
Que Homero tiene detrás toda una tradición de poesía oral se puede
confirmar por varios hechos:
a) El tema mismo de sus poemas, los sucesos relacionados con la legendaria guerra de Troya, pertenecen a un pasado ya lejano para él, pues hoy se tiende a situar tal conflicto sobre el siglo XIII a.C., cuando los micenios o aqueos se enfrentaron con una ciudad del norte de Asia Menor por motivos comerciales posiblemente. El conocimiento de esa guerra, de las hazañas de los supuestos héroes que en ella participaron, de aspectos de la cultura material de entonces (palacios, armas, vestidos, etc.), sólo pudieron llegarle por tradición oral. Además, el conocimiento que tenemos del mundo micénico, gracias a la arqueología y al desciframiento del Lineal B -el sistema de escritura micénico-, nos permite confirmar las coincidencias entre la organización política y social que reflejan los poemas y la del mundo micénico; coincidencias también se dan en el nombre de ciertos dioses (Zeus, Poseidón, Atenea, etc.) y héroes (Héctor, Áyax, etc.); incluso hay palabras homéricas que ya se encuentran en las tablillas micénicas.
b) Esos mismos hechos debían de ser conocidos por su público, pues los personajes de sus poemas son introducidos sin que se cuente nada de su pasado.
c) En ocasiones el propio Homero nos presenta a los aedos cantando acompañados de un instrumento musical de tres o cuatro cuerdas, la forminge (φορμίγξ).
d) Las propias peculiaridades de la lengua poética usada por Homero: se trata de una lengua artificial y llena de arcaísmos, constituida básicamente a partir del jonio pero con elementos de otros dialectos, como el eolio o el arcado-chipriota, con formas que en su época ya se habían perdido. Todo esto parece revelar la existencia de una larga tradición que no sólo ha mantenido temas, sino incluso rasgos de una lengua de otro tiempo y de procedencia diversa.
e) El uso de un lenguaje formulario: consiste éste en un conjunto de frases hechas y expresiones fijas que se repiten continuamente y en lugares fijos; se trata de epítetos usados sistemáticamente para referirse a personajes u objetos (Atenea, la de los ojos de lechuza; Aquiles, el de los pies ligeros; veloces naves). Este tipo de lenguaje es propio de toda poesía oral y fruto de una larga tradición en la que los poetas orales, combinando estos elementos fijos, eran capaces de componer largos poemas de miles de versos a veces y recordarlos fácilmente.
f) Uso de ciertos recursos estilísticos, como comparaciones, catálogos
(largas enumeraciones
de guerreros, pueblos que participan en el combate, etc.), invocaciones a
las Musas, digresiones (narraciones o relatos que se alejan de la acción
principal), escenas típicas que se repiten siempre en los mismos contextos y
sin apenas variación (sobre todo en las escenas de combate).
Todos los rasgos aquí mencionados se encuentran en poemas épicos de otras
culturas, como el Ramayana y el Mahabharata de la India, el Poema de
Gilgamesh de los sumerios, los Nibelungos de la cultura germánica o el
propio Poema del Cid castellano. Estas coincidencias se explican tanto
porque la épica griega deriva de la épica que debieron tener los
indoeuropeos como por los posibles influjos recibidos de las culturas
mesopotámicas.
La Ilíada es un gran poema épico lleno de furor guerrero. Los hechos que
se narran mantienen
una cronología lineal, pero con digresiones que se apartan en ocasiones del
tema central: el asedio de Troya por parte de los aqueos y sus aliados.
La legendaria guerra de Troya se prolongó durante diez años de combates. Sin embargo, el genio de Homero supo concentrar la acción en unas semanas del décimo año, en torno a un episodio que proporciona cohesión a las diferentes historias que se suceden en las luchas entre héroes: "Ia cólera de Aquiles". La obra comienza con el agravio a Aquiles del rey Agamenón, jefe del ejército aliado contra Troya, al arrebatarle a una joven prisionera que aquel desea. La ofensa lleva a Aquiles, el mejor y más temido de los héroes, a retirarse de la guerra, junto con su ejército de mirmidones. Como consecuencia, a pesar de singulares enfrentamientos entre héroes griegos y troyanos, y de la intervención de los dioses, la ofensiva troyana logra poner en apuros a los aliados. Ante el empuje del principal héroe troyano, Héctor, que llega a suponer una seria amenaza para las naves aqueas, Patroclo, íntimo de Aquiles, al no conseguir que éste se reincorpore a la lucha, le ruega al menos que le deje sus armas para alentar a los griegos. Cuando Héctor derrota a Patroclo, Aquiles se reconcilia con Agamenón y se reincorpora a la lucha para vengar a su amigo. Tras la derrota de Héctor, la furia de Aquiles se ensaña con el cadáver del troyano, pero tras la advertencia de los dioses, acepta devolverlo a su anciano padre, el rey troyano Príamo, y la obra concluye con los funerales de Patroclo y Héctor. Al final del poema, vence la compasión por encima de la sed de venganza, lo cual expresa bien la gran visión humanista de Homero.
Las dudas acerca de la autenticidad histórica de los acontecimientos
narrados en la Ilíada son muchas, aunque hay elementos que inducen a creer
al menos en la veracidad de algunos de ellos. Así, por ejemplo, se sabe de
la existencia de relaciones no siempre pacíficas entre la ciudad de Troya y
la Grecia continental.
La Odisea es un relato de aventuras que gira en torno a la figura de
Ulises (nombre latino del
griego Odiseo), uno de los héroes que contribuyeron a la destrucción de
Troya. Al igual que en la Ilíada, el autor centra los acontecimientos en un
episodio que dará cohesión a las diferentes aventuras del héroe: el regreso
a su hogar, Ítaca, y la recuperación de su reino. La estructura narrativa
del poema es más compleja, por cuanto las digresiones suponen simultanear
dos acciones (Ulises, por una parte, y Telémaco, su hijo, que lo busca, por
otra) y un salto temporal en el que el propio Ulises pasa a ser el narrador
de sus aventuras pasadas.
Al comienzo del poema, Ulises se encuentra en la isla de la ninfa
Calipso, quien ha de dejarlo marchar tras decidir los dioses, a petición de
Atenea, permitirle el regreso a su hogar. Pero en Ítaca, su esposa,
Penélope, se encuentra asediada por pretendientes, que dan al héroe por
muerto y le exigen que elija a uno de ellos como esposo, mientras consumen
la hacienda de la familia. Ante esta situación, Telémaco, el hijo de ambos,
decide partir en busca de noticias de su
padre
a los reinos de otros héroes que volvieron de Troya, como Menelao y Néstor.
De regreso a su patria, Poseidón hace naufragar a Ulises, quien recala en el
país de los feacios. Allí, su rey, Alcínoo, lo acoge con hospitalidad y, al
reconocer al héroe, éste relata sus infortunios desde la partida de Troya:
la sucesiva pérdida de su flota y sus compañeros entre tempestades; los
enfrentamientos con seres monstruosos, como el cíclope, los lestrigones, las
sirenas o Escila y Caribdis; la ira de Helios cuando devoran sus bueyes
sagrados, o la transformación en cerdos a manos de la maga Circe. Al
terminar su relato, los feacios lo obsequian generosamente y, después de un
viaje milagroso, llega a Ítaca. Odiseo regresa a su palacio disfrazado de
mendigo y, con la ayuda de Telémaco y un fiel sirviente, da muerte a los
pretendientes y se reúne por fin con Penélope.
El tono de la Odisea es, indudablemente, menos guerrero que el de la Ilíada, de modo que la obra, más que a la exaltación de los valores aristocráticos, responde a la estructura tradicional del cuento de aventuras. Las diferencias con el poema de Troya se extienden, lógicamente, a una mayor presencia del mundo doméstico y de estratos sociales más diversos que los héroes y los dioses. Incluso la actitud de los inmortales resulta muy diferente: frente a las actuaciones bastante crueles y caprichosas de los dioses en la guerra de Troya, que en ocasiones parecían buscar la mera diversión, en la Odisea sus intervenciones están guiadas por motivaciones más éticas y por la búsqueda de justicia.
A los elementos aportados por la tradición oral, Homero añadió ciertos rasgos propios que dieron personalidad a su obra:
Así
creó unos poemas mucho más largos que los cantos de los aedos, organizados
alrededor de las peripecias de un héroe principal con las que se
entrecruzan las de muchos otros personajes menores.Los poemas homéricos, aunque por su tema se refieren al mundo micénico, en realidad reflejan el mundo griego del siglo VIII a.C., la época en que los regímenes aristocráticos se encuentran en pleno desarrollo, en que se están formando las polis, en que se ha iniciado la colonización del Mediterráneo y por tanto los contactos con tierras lejanas.
De otro lado, dos son los protagonistas principales de los poemas: los dioses y los héroes, el mundo divino y el humano. Los dioses homéricos se asemejan a los hombres por su aspecto, pasiones, vicios y virtudes -es decir, son antropomórficos-; sólo se diferencian por su inmortalidad y por ser superiores a los hombres en fuerza, belleza o inteligencia. Llevan una vida feliz y despreocupada en el Olimpo, y la propia guerra de Troya, en la que a veces intervienen, es para ellos algo sin importancia.
Por
encima de los dioses hay un poder absoluto, irracional, que escapa a su
control, el Destino. Éste se entiende como un cierto orden de los
acontecimientos, que puede ser conocido mediante oráculos y predicciones,
pero que nadie puede alterar, ni siquiera los propios dioses. Los dioses
homéricos, que vienen a ser encarnación de las fuerzas de la naturaleza,
actúan colectivamente como garantes del destino y, por lo tanto, del
equilibrio del mundo, y así castigan las transgresiones de ese orden
protagonizadas por los hombres.
En cuanto al mundo humano, éste está representado sobre todo por los
héroes, seres que cuentan entre sus antepasados con algún dios, dotados de
gran fuerza, belleza o inteligencia, superior a la de un hombre pero menor
que la de un dios, y carentes por supuesto de inmortalidad. A diferencia de
otras epopeyas, la épica homérica presenta, como ya se ha dicho, a unos
héroes muy "humanos": apenas intervienen monstruos o elementos mágicos,
sufren y mueren como los hombres y encarnan virtudes como el patriotismo, la
amistad o la fidelidad.
En su actuación, el héroe homérico se ve sometido a un doble
condicionante: el Destino y la propia intervención divina. Contra el primero
nada puede hacer, pues es inexorable; respecto al segundo, es habitual ver a
los dioses intervenir en las acciones de los hombres -por ejemplo, dando o
quitando la fuerza a un guerrero en pleno combate-; también a veces el
hombre que comete una acción indigna atribuye su decisión última a un dios.
Sin embargo, hay también ocasiones en que es el hombre solo el que debe
decidir y buscar una salida por sí mismo. Todo ello nos lleva a plantear el
problema de la libertad en Homero: en realidad, aunque los dioses
intervienen en la vida de los hombres, es el hombre el que al final decide
si actúa o no, por lo que le queda un cierto margen de libertad.

Ideal Homérico
(Homero, Ilíada VI, 206 - 210)
Ἱππόλοχος δέ μ᾽ ἔτικτε, καὶ ἐκ τοῦ φημι γενέσθαι· πέμπε δέ μ᾽ ἐς Τροίην, καί μοι μάλα πόλλ᾽ ἐπέτελλεν αἰὲν ἀριστεύειν καὶ ὑπείροχον ἔμμεναι ἄλλων, μηδὲ γένος πατέρων αἰσχυνέμεν, οἳ μέγ᾽ ἄριστοι {215}2 ἔν τ᾽ Ἐφύρῃ ἐγένοντο καὶ ἐν Λυκίῃ εὐρείῃ. |
"Y él me envió a Troya y me encargó
muchas cosas importantes: Traducción de Emilio Crespo Güemes |
Despedida de Héctor y Andrómaca
(Homero, Iliada, VI, 407- 475)
δαιμόνιε φθίσει σε τὸ σὸν μένος, οὐδ᾽ ἐλεαίρεις {215}2 παῖδά τε νηπίαχον καὶ ἔμ᾽ ἄμμορον, ἣ τάχα χήρη σεῦ ἔσομαι· τάχα γάρ σε κατακτανέουσιν Ἀχαιοὶ πάντες ἐφορμηθέντες· ἐμοὶ δέ κε κέρδιον εἴη σεῦ ἀφαμαρτούσῃ χθόνα δύμεναι· οὐ γὰρ ἔτ᾽ ἄλλη ἔσται θαλπωρὴ ἐπεὶ ἂν σύ γε πότμον ἐπίσπῃς ἀλλ᾽ ἄχε᾽· οὐδέ μοι ἔστι πατὴρ καὶ πότνια μήτηρ. ἤτοι γὰρ πατέρ᾽ ἁμὸν ἀπέκτανε δῖος Ἀχιλλεύς, {215}2 ἐκ δὲ πόλιν πέρσεν Κιλίκων εὖ ναιετάουσαν Θήβην ὑψίπυλον· κατὰ δ᾽ ἔκτανεν Ἠετίωνα, {215}2 οὐδέ μιν ἐξενάριξε, σεβάσσατο γὰρ τό γε θυμῷ, ἀλλ᾽ ἄρα μιν κατέκηε σὺν ἔντεσι δαιδαλέοισιν ἠδ᾽ ἐπὶ σῆμ᾽ ἔχεεν· περὶ δὲ πτελέας ἐφύτευσαν νύμφαι ὀρεστιάδες κοῦραι Διὸς αἰγιόχοιο. οἳ δέ μοι ἑπτὰ κασίγνητοι ἔσαν ἐν μεγάροισιν οἳ μὲν πάντες ἰῷ κίον ἤματι Ἄϊδος εἴσω· πάντας γὰρ κατέπεφνε ποδάρκης δῖος Ἀχιλλεὺς βουσὶν ἐπ᾽ εἰλιπόδεσσι καὶ ἀργεννῇς ὀΐεσσι. μητέρα δ᾽, ἣ βασίλευεν ὑπὸ Πλάκῳ ὑληέσσῃ, τὴν ἐπεὶ ἂρ δεῦρ᾽ ἤγαγ᾽ ἅμ᾽ ἄλλοισι κτεάτεσσιν, ἂψ ὅ γε τὴν ἀπέλυσε λαβὼν ἀπερείσι᾽ ἄποινα, πατρὸς δ᾽ ἐν μεγάροισι βάλ᾽ Ἄρτεμις ἰοχέαιρα. Ἕκτορ ἀτὰρ σύ μοί ἐσσι πατὴρ καὶ πότνια μήτηρ ἠδὲ κασίγνητος, σὺ δέ μοι θαλερὸς παρακοίτης· ἀλλ᾽ ἄγε νῦν ἐλέαιρε καὶ αὐτοῦ μίμν᾽ ἐπὶ πύργῳ, μὴ παῖδ᾽ ὀρφανικὸν θήῃς χήρην τε γυναῖκα· {212}2 λαὸν δὲ στῆσον παρ᾽ ἐρινεόν, ἔνθα μάλιστα {212}2 ἀμβατός ἐστι πόλις καὶ ἐπίδρομον ἔπλετο τεῖχος. {212}2 τρὶς γὰρ τῇ γ᾽ ἐλθόντες ἐπειρήσανθ᾽ οἱ ἄριστοι {212}2 ἀμφ᾽ Αἴαντε δύω καὶ ἀγακλυτὸν Ἰδομενῆα {212}2 ἠδ᾽ ἀμφ᾽ Ἀτρεΐδας καὶ Τυδέος ἄλκιμον υἱόν· {212}2 ἤ πού τίς σφιν ἔνισπε θεοπροπίων ἐῢ εἰδώς, {212}2 ἤ νυ καὶ αὐτῶν θυμὸς ἐποτρύνει καὶ ἀνώγει. Τὴν δ᾽ αὖτε προσέειπε μέγας κορυθαίολος Ἕκτωρ· ἦ καὶ ἐμοὶ τάδε πάντα μέλει γύναι· ἀλλὰ μάλ᾽ αἰνῶς αἰδέομαι Τρῶας καὶ Τρῳάδας ἑλκεσιπέπλους, αἴ κε κακὸς ὣς νόσφιν ἀλυσκάζω πολέμοιο· οὐδέ με θυμὸς ἄνωγεν, ἐπεὶ μάθον ἔμμεναι ἐσθλὸς αἰεὶ καὶ πρώτοισι μετὰ Τρώεσσι μάχεσθαι ἀρνύμενος πατρός τε μέγα κλέος ἠδ᾽ ἐμὸν αὐτοῦ. εὖ γὰρ ἐγὼ τόδε οἶδα κατὰ φρένα καὶ κατὰ θυμόν· {215}2 ἔσσεται ἦμαρ ὅτ᾽ ἄν ποτ᾽ ὀλώλῃ Ἴλιος ἱρὴ καὶ Πρίαμος καὶ λαὸς ἐϋμμελίω Πριάμοιο. ἀλλ᾽ οὔ μοι Τρώων τόσσον μέλει ἄλγος ὀπίσσω, οὔτ᾽ αὐτῆς Ἑκάβης οὔτε Πριάμοιο ἄνακτος οὔτε κασιγνήτων, οἵ κεν πολέες τε καὶ ἐσθλοὶ ἐν κονίῃσι πέσοιεν ὑπ᾽ ἀνδράσι δυσμενέεσσιν, ὅσσον σεῦ, ὅτε κέν τις Ἀχαιῶν χαλκοχιτώνων δακρυόεσσαν ἄγηται ἐλεύθερον ἦμαρ ἀπούρας· καί κεν ἐν Ἄργει ἐοῦσα πρὸς ἄλλης ἱστὸν ὑφαίνοις, {215}2 καί κεν ὕδωρ φορέοις Μεσσηΐδος ἢ Ὑπερείης πόλλ᾽ ἀεκαζομένη, κρατερὴ δ᾽ ἐπικείσετ᾽ ἀνάγκη· {215}2 καί ποτέ τις εἴπῃσιν ἰδὼν κατὰ δάκρυ χέουσαν· Ἕκτορος ἧδε γυνὴ ὃς ἀριστεύεσκε μάχεσθαι Τρώων ἱπποδάμων ὅτε Ἴλιον ἀμφεμάχοντο. ὥς ποτέ τις ἐρέει· σοὶ δ᾽ αὖ νέον ἔσσεται ἄλγος χήτεϊ τοιοῦδ᾽ ἀνδρὸς ἀμύνειν δούλιον ἦμαρ. {215}2 ἀλλά με τεθνηῶτα χυτὴ κατὰ γαῖα καλύπτοι πρίν γέ τι σῆς τε βοῆς σοῦ θ᾽ ἑλκηθμοῖο πυθέσθαι. Ὣς εἰπὼν οὗ παιδὸς ὀρέξατο φαίδιμος Ἕκτωρ· ἂψ δ᾽ ὃ πάϊς πρὸς κόλπον ἐϋζώνοιο τιθήνης ἐκλίνθη ἰάχων πατρὸς φίλου ὄψιν ἀτυχθεὶς ταρβήσας χαλκόν τε ἰδὲ λόφον ἱππιοχαίτην, δεινὸν ἀπ᾽ ἀκροτάτης κόρυθος νεύοντα νοήσας. ἐκ δ᾽ ἐγέλασσε πατήρ τε φίλος καὶ πότνια μήτηρ· {215}2 αὐτίκ᾽ ἀπὸ κρατὸς κόρυθ᾽ εἵλετο φαίδιμος Ἕκτωρ, καὶ τὴν μὲν κατέθηκεν ἐπὶ χθονὶ παμφανόωσαν· αὐτὰρ ὅ γ᾽ ὃν φίλον υἱὸν ἐπεὶ κύσε πῆλέ τε χερσὶν εἶπε δ᾽ ἐπευξάμενος Διί τ᾽ ἄλλοισίν τε θεοῖσι· |
Andrómaca - ¡Desgraciado! Tu valor te
perderá. No te apiadas del tierno infante ni de mí, infortunada, que
pronto seré tu viuda; pues los aqueos te acometerán todos a una y
acabarán contigo. Preferible sería que, al perderte, la tierra me
tragará, porque si mueres no habrá consuelo para mí, sino pesares, que
ya no tengo padre ni venerable madre. A mi padre matóle el divino
Aquileo cuando tomó la populosa ciudad de los cilicios, Tebas, la de las
altas puertas. Dio muerte a Eetión, y, sin despojarle, por el religioso
temor que le entró en el ánimo, quemó el cadáver con las labradas armas
y le erigió un túmulo, a cuyo alrededor plantaron álamos las ninfas
monteses, hijas de Zeus, que lleva la égida. Mis siete hermanos, que
habitaban en el palacio, descendieron al Hades el mismo día; pues a
todos los mató el divino Aquileo, el de los pies ligeros, entre los
flexípedes bueyes y las cándidas ovejas. A mi madre, que reinaba al pie
del selvoso Placo, trájole con otras riquezas y la puso e n libertad con
un inmenso rescate; pero Artemis, que se complace en tirar flechas,
hirióla en el palacio de mi padre. Héctor, tú eres ahora mi padre, mi
venerable madre y mi hermano; tú mi floreciente esposo. Pues, ea, sé
compasivo, quédate aquí en la torre - ¡no hagas a un niño huérfano y a
una mujer viuda!- y pon el ejército junto al cabrahigo, que por allí la
ciudad es accesible y el muro más fácil de escalar. Los más valientes
-los dos Ayantes, el celebre Idomeneo, los Atridas, y el fuerte hijo de
Tideo con los suyos respectivos- ya por tres veces se han encaminado a
aquel sitio para intentar el asalto; alguien que conoce los oráculos se
lo indicó, o su mismo arrojo los impele y anima. Traducción de Emilio Crespo Güemes |
Despedida de Calipso y de Odiseo
(Homero, Odisea, V, 203- 228)
"διογενὲς Λαερτιάδη, πολυμήχαν᾽ Ὀδυσσεῦ, οὕτω δὴ οἶκόνδε φίλην ἐς πατρίδα γαῖαν αὐτίκα νῦν ἐθέλεις ἰέναι; σὺ δὲ χαῖρε καὶ ἔμπης. εἴ γε μὲν εἰδείης σῇσι φρεσίν, ὅσσα τοι αἶσα κήδε᾽ ἀναπλῆσαι, πρὶν πατρίδα γαῖαν ἱκέσθαι, ἐνθάδε κ᾽ αὖθι μένων σὺν ἐμοὶ τόδε δῶμα φυλάσσοις ἀθάνατός τ᾽ εἴης, ἱμειρόμενός περ ἰδέσθαι σὴν ἄλοχον, τῆς τ᾽ αἰὲν ἐέλδεαι ἤματα πάντα. οὐ μέν θην κείνης γε χερείων εὔχομαι εἶναι, οὐ δέμας οὐδὲ φυήν, ἐπεὶ οὔ πως οὐδὲ ἔοικε θνητὰς ἀθανάτῃσι δέμας καὶ εἶδος ἐρίζειν." τὴν δ᾽ ἀπαμειβόμενος προσέφη πολύμητις Ὀδυσσεύς· "πότνα θεά, μή μοι τόδε χώεο· οἶδα καὶ αὐτὸς πάντα μάλ᾽, οὕνεκα σεῖο περίφρων Πηνελόπεια εἶδος ἀκιδνοτέρη μέγεθός τ᾽ εἰσάντα ἰδέσθαι· ἡ μὲν γὰρ βροτός ἐστι, σὺ δ᾽ ἀθάνατος καὶ ἀγήρως. ἀλλὰ καὶ ὧς ἐθέλω καὶ ἐέλδομαι ἤματα πάντα οἴκαδέ τ᾽ ἐλθέμεναι καὶ νόστιμον ἦμαρ ἰδέσθαι. εἰ δ᾽ αὖ τις ῥαίῃσι θεῶν ἐνὶ οἴνοπι πόντῳ, τλήσομαι ἐν στήθεσσιν ἔχων ταλαπενθέα θυμόν· ἤδη γὰρ μάλα πολλὰ πάθον καὶ πολλὰ μόγησα κύμασι καὶ πολέμῳ· μετὰ καὶ τόδε τοῖσι γενέσθω." ὣς ἔφατ᾽, ἠέλιος δ᾽ ἄρ᾽ ἔδυ καὶ ἐπὶ κνέφας ἦλθεν· ἐλθόντες δ᾽ ἄρα τώ γε μυχῷ σπείους γλαφυροῖο τερπέσθην φιλότητι, παρ᾽ ἀλλήλοισι μένοντες. ἦμος δ᾽ ἠριγένεια φάνη ῥοδοδάκτυλος Ἠώς, |
Traducción de José Manuel Pabón |